La semana pasada, Jack Dorsey publicó algo que incomodó a muchos gerentes. El cofundador de Twitter y CEO de Block escribió, junto a Roelof Botha de Sequoia Capital, un análisis directo sobre el futuro de los equipos empresariales. Su tesis es simple y difícil de ignorar: la inteligencia artificial ya puede hacer gran parte del trabajo que hoy realizan los mandos intermedios.

No se refiere a tareas operativas ni a automatizar reportes. Dorsey habla de las funciones centrales de un gerente medio: recopilar actualizaciones, transmitir instrucciones, coordinar proyectos y mantener a los equipos alineados. Según él, un agente de IA puede rastrear el estado de cada proyecto, detectar problemas antes de que escalen y distribuir tareas con más velocidad que cualquier persona.

Lo dice desde la experiencia. En febrero, Block despidió al 40% de su plantilla, más de 4.000 empleados, y sus acciones subieron un 24%. No fue un recorte por crisis. Fue una reestructuración deliberada donde la IA asumió funciones que antes requerían capas completas de supervisión humana.

El organigrama como cuello de botella

Dorsey y Botha comparan la estructura jerárquica de las empresas modernas con la del ejército romano. En ambos casos, la jerarquía existe para resolver un problema de coordinación: cuando hay muchas personas haciendo cosas distintas, necesitas intermediarios que transmitan información hacia arriba y decisiones hacia abajo.

El problema es que esos intermediarios también generan fricción. Cada capa adicional de gestión agrega tiempo de respuesta, filtra información y diluye la urgencia. En una PYME de quince personas, puede que no tengas cinco niveles jerárquicos, pero es probable que alguien dedique buena parte de su semana a tareas de coordinación pura: revisar qué hizo cada uno, preparar resúmenes para el dueño, distribuir prioridades y hacer seguimiento.

Esas horas de coordinación son exactamente lo que los agentes de IA están empezando a absorber.

Lo que un agente puede coordinar hoy

La idea de que la IA reemplace a un gerente suena ambiciosa, pero cuando desglosas las tareas de coordinación en sus partes concretas, el panorama cambia. Muchas de esas funciones ya son posibles con las herramientas actuales.

  • Revisar el estado de tareas pendientes en un sistema de gestión y generar un resumen diario para el equipo
  • Detectar facturas vencidas, cruzar la información con pagos recibidos y alertar solo cuando hay un problema real
  • Leer correos de clientes, clasificarlos por urgencia y asignarlos al responsable correcto sin intervención humana
  • Preparar la agenda de una reunión semanal revisando documentos compartidos, tareas abiertas y métricas clave
  • Hacer seguimiento de compromisos asumidos en reuniones anteriores y recordar a cada persona lo que quedó pendiente

Ninguna de estas tareas requiere creatividad, intuición ni juicio complejo. Son tareas de pegamento organizacional: necesarias, repetitivas y consumidoras de tiempo. Y un agente con acceso a calendario, correo, documentos y una lista de tareas puede ejecutarlas sin cansarse ni olvidar.

No se trata de eliminar personas

Antes de que alguien imagine una oficina vacía, conviene aclarar lo que Dorsey no dice. No propone que las empresas funcionen sin humanos. Propone que funcionen con menos capas de intermediación.

En una PYME, esto se traduce en algo muy concreto. Esa persona que hoy dedica el 60% de su tiempo a coordinar y el 40% a pensar estratégicamente podría invertir esos porcentajes. Si un agente absorbe la coordinación rutinaria, la persona puede dedicar más tiempo a resolver problemas complejos, hablar con clientes importantes o tomar decisiones que realmente requieren criterio humano.

Microsoft parece estar apostando en la misma dirección. Esta misma semana actualizó su herramienta Researcher dentro de Copilot con una arquitectura donde un modelo genera contenido y otro lo revisa, creando un ciclo interno de control de calidad. También lanzó en beta Copilot Cowork, un agente que organiza calendarios, prepara reuniones y ejecuta flujos de trabajo completos de forma autónoma. La empresa ya cobra 99 dólares por usuario al mes por su plan con agentes de IA integrados.

OpenAI, por su parte, lanzó Frontier, una plataforma empresarial para construir y gestionar agentes autónomos. Su mensaje fue revelador: lo que frena a las empresas no es la inteligencia del modelo, sino cómo los agentes se construyen y operan dentro de la organización.

La pregunta que vale la pena hacerse

Si dirigís una empresa de diez, veinte o cincuenta personas, probablemente no tenés un ejército de mandos intermedios. Pero sí tenés personas valiosas que gastan horas coordinando en lugar de ejecutar. Y tenés información dispersa entre correos, planillas, calendarios y chats que alguien tiene que juntar manualmente para que las cosas funcionen.

Eso es exactamente lo que los agentes de IA resuelven bien hoy. No reemplazan al líder que toma decisiones difíciles ni al vendedor que construye relaciones. Reemplazan el trabajo invisible de mantener todo conectado y a todos informados.

Dorsey cerró su análisis con una advertencia que aplica tanto para corporaciones como para PYMEs: la planificación y la capacitación son fundamentales para que esta transición funcione. No se trata de eliminar puestos de un día para otro, sino de preguntarse con honestidad cuántas horas a la semana se van en coordinación que una máquina podría hacer mejor.

La respuesta, para la mayoría de las empresas, es más de las que creen.